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Performance de Esther Ferrer

 
 

La histórica artista sorprendió con una conferencia delirante y deslumbrante, extravagante y rigurosa, lúdica y reflexiva en la que fueron apareciendo desde Hércules a Picabia pasando por Mallarmé o Dante, Álvaro Pelagius y los discípulos de Dante, héroes mesopotámicos y los reyes godos.
Esther Ferrer, ante un público entregado que siguió con complicidad su propuesta de intervención, recordó sus tiempos en ZAJ, el grupo formado por ella misma y por Juan Hidalgo, José Luis Castillejo y Walter Marchetti en los años sesenta.
Una formación que marcó a varias generaciones y que se convirtió en la referencia del arte de acción y conceptual en el gris panorama cultural del franquismo. “ZAJ era una unión libre. Cada trabajo se podía hacer de forma individual o de forma conjunta. Todo era entre filosófico y pedante. ZAJ era una posibilidad y un punto de mira. Había quienes afirmaban que era simple y lógico, otros que absurdo e incomprensible. Todos tenían razón. Todas las interpretaciones eran válidas. El vacío de ZAJ lo llenaba cada cual como podía”, explicó
“ZAJ no enseñaba, no era una escuela. No demostraba, era indemostrable. Ni provocaba, porque la gente se provoca sola. Es más fácil aburrir que divertir”, añadió mientras lanzaba un dado que caía de su cabeza o vertía el líquido de una botella de vodka en un vaso diminuto.
Esther Ferrer, Premio Velázquez de Artes Plásticas, dejó una huella imborrable en la historia de CICUS con una conferencia-acción que se recordará durante mucho tiempo.