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La fabricación artesanal de cal en Morón de la Frontera, de hondo saber y técnica, logró convertir la blancura de los pueblos andaluces en seña de identidad. Sin embargo, a partir de mediados del siglo pasado, la cal artesana fue cayendo poco a poco en desuso por el empleo de nuevos materiales y cales industriales. Limitada la labor a unos pocos artesanos, únicos en España, y quizá en el occidente europeo, la transmisión de sus conocimientos encuentra cada vez más dificultades por falta de aprendices, descendencia interesada y desmotivación administrativa. Cuándo, gracias al seguimiento pormenorizado, espontáneo, directo, ahondamos en el conocimiento de la técnica y en su dureza, en sus hombres y relación con el medio, lo que hasta ese momento se veía como algo anticuado y en desuso pasa a convertirse en una apuesta por la preservación de la memoria y el patrimonio geográfico y etnológico, y descubrimos la profunda idiosincrasia del «saber y  ser calero” . La escasa actividad, en su momento, de los hornos por falta de demanda y la dedicación a otras labores de subsistencia de los artesanos, supuso prolongar la filmación durante más de dos años para poder mostrar el trabajo por primera vez de principio a fin, una labor, a la que rendimos homenaje,  declarada por la UNESCO en el año 2011 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Caleros, una coproducción de apoyo a la docencia e investigación de la Facultad de Geografía e Historia y la Universidad de Sevilla, fue finalista, entre 124 obras a concurso, en la XXVIII Bienal Internacional de Cine Científico de Ronda celebrada en Diciembre de 2016, en la categoría de Premio al mejor Documental Científico.